Participé en una constelación en grupo y fue una experiencia muy reveladora. Me impactó poder conocer y comprender parte de la historia de mis ancestros, algo que hasta entonces sentía lejano y confuso. A partir de ahí, comenzaron a producirse cambios importantes en mi vida cotidiana.
Mi relación con mi madre mejoró de manera clara, desde un lugar más sereno y comprensivo. También noté un cambio en mi pareja: su actitud se volvió más flexible, menos rígida y menos enfocada únicamente en lo racional. Esto alivió mucho la dinámica entre nosotros.
Antes de constelar me encontraba con un malestar emocional intenso —tristeza, ansiedad y angustia— que también se reflejaba en reacciones y hábitos que me costaba controlar. Si tuviera que ponerle una puntuación, diría que ese malestar era de un 4 sobre 5. Tras la constelación, la sensación de mejoría ha sido muy alta, un 5, y lo más importante es que no fue algo puntual, sino un proceso gradual que se ha ido consolidando con el tiempo.
Solo realicé una constelación, hace aproximadamente un año, y los efectos han ido desplegándose poco a poco, de forma profunda y sostenida. Hoy puedo decir que fue un paso importante para entenderme mejor y relacionarme desde un lugar más calmado y abierto. M. Alemania


