Conocí la filosofía completa de las constelaciones familiares cuando nació mi primera hija. Fue en ese momento cuando empecé a manifestar miedos terribles en relación a su vida: miedo a las enfermedades, a la muerte…
Asistí por primera vez a un taller grupal cuando fui consciente de que eso me llevaba a que ella dejara de estar en la salud.
Considero que es un trabajo interno que lleva tiempo, presencia y un cambio muy grande de paradigmas: entender, asimilar y ser responsables de los pensamientos, y también del amor incondicional (ciego) de los hijos hacia sus padres. Ellos son capaces de soportar más de lo que pensamos para evitar nuestro sufrimiento, cuando en realidad uno cree que son los padres quienes aman más, por el simple hecho de que los hijos “nos pertenecen”.
Mi toma de conciencia fue tan grande que, desde ahí, empezó un gran giro en mi vida: asentir a la vida tal cual es, a lo que nos toca, y querer siempre estar en la vida y en el presente (un trabajo que lleva tiempo entender).
Mi malestar emocional era grande. Realicé al menos cinco constelaciones con el tema de mi hija. Han pasado ya varios años, fue un proceso gradual. Hoy estoy en la vida y en el asentimiento a todo y mi vida fluye. Sami. Argentina


