Desde mis 13 o 14 años (hace ya más de 40) nunca había logrado quitarme la angustia que se alojaba en mi estómago desde la adolescencia, ni la taquicardia que me acompañaba desde que alcanzo a recordar. Pasé por muchísimas terapias con psicólogos, psiquiatras, acupuntura, reiki, medicina general, homeopática… y más opciones durante toda mi vida.

Mi cuadro era el siguiente: “Siempre, desde que recuerdo, he tenido angustia. Nunca paró; la mitigó parcialmente la medicación antidepresiva, pero nunca la detuvo. He sido casi 35 años bulímica. Comía compulsivamente y vomitaba, era mi forma de vivir, a veces lloraba a solas o después de vomitar. Nunca nadie que me haya conocido pensaría que tenía algún problema psicológico tan grave, soy alegre y dispuesta, pero el dolor iba por dentro”.

Hace 9 meses conocí el instituto INSCONSFA, por casualidad, para constelarme. Asistí a un taller por primera vez. Suena como mágico, pero ha sido un trabajo, por parte del instituto y mío, muy intenso: por fin he dejado de sentir todos esos síntomas. Puedo respirar tranquila, sin taquicardias ni presión en el pecho, y la angustia crónica ha desaparecido totalmente. Estoy más serena, soy capaz de ver mi vida desde otro prisma que no sea la culpa y tengo más claros mis límites como persona, tanto para dar como para recibir.

Voy a menudo al instituto, asisto a cursos y talleres y siento una paz interna tan difícil de describir… simplemente estoy en el sí a todo como es, en mi adulto, por primera vez.

No sé cómo agradecer. Igual lo resume todo expresar que ojalá hubiera encontrado a Brigitte y a su equipo hace años, y me hubiera ahorrado mucho sufrimiento y dinero en terapias que solo paliaban parcialmente mi malestar. Pero precisamente ellos me han enseñado que todo “fue como tuvo que ser”.

En mi caso, he constelado muchas veces porque tengo mucho por sanar. De hecho, continúo, pero con la seguridad de que voy por el camino correcto. Van apareciendo poco a poco vínculos que tengo que deshacer, y a medida que lo voy logrando, el cuerpo y la mente lo agradecen. Ejemplo: ya no me duele la espalda (mi fisioterapeuta siempre me decía que el dolor constante era el precio que tenía que pagar por mi hiperlordosis). Ya no me duele la garganta (pensaba que eran resquicios de la bulimia con los que tendría que convivir para siempre). Cada constelación o cada taller es una nueva liberación.

Muchas gracias por mostrarme el camino. ¡Siempre agradecidísima!

Girasol. España