Estuve sin pareja hasta los cuarenta años. Solo tuve un novio, pero duró poco y la mayor parte del tiempo fue a distancia.
Yo lo vivía con gran sufrimiento y desesperación. Mi mayor anhelo era encontrar el amor de pareja. Lo buscaba activamente y envidiaba a quienes lo tenían. Además, no entendía nada, pues siempre he sido sociable, abierta y he conocido mucha gente. A veces me “enamoraba de cualquiera” por pura desesperación, y ni con esas…
Totalmente exhausta, me rendí. La Sistémica apareció en mi vida por aquel entonces, cuando tenía 37 años. Constelé varias veces (creo que tres) a lo largo de unos dos años.
Mi actitud cambió por primera vez. Dejé de buscar hombres (esta vez, de verdad). Fui tomando conciencia de multitud de cuestiones y dejé de buscar el amor.
Dos meses antes de cumplir cuarenta años, y sin buscarlo, apareció Raúl en mi vida. Estamos juntos desde entonces. Ha sido un regalo enorme que me ha dado la vida. Agradezco cada día por caminar junto a él. Es el compañero perfecto para mí y mucho mejor de lo que nunca llegué a soñar. Soy muy feliz.
Sé que llegó gracias al trabajo que hice en constelaciones, a las tomas de conciencia y a la rendición absoluta. También sé que no se puede alcanzar cualquier cosa constelando. Por ejemplo, ya no nos dio tiempo a tener hijos y entonces sentimos que el camino (después de varias constelaciones) era aceptar y no forzar. Las constelaciones no buscan objetivos, sino que resuelven lo que está pendiente. A veces esa reparación conlleva un cambio muy evidente. Otras, “solo” traen paz.
Como anécdota, nuestra boda fue oficiada por una consteladora. Familia y amigos lo vivieron como una experiencia profunda, entrañable y también divertida. Para nosotros fue como una gran constelación de 150 personas.
MA. España


